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DOMINGO 5 DE ENERO DE 1992
El País de lo[[--cut off]]

GRABADOR URUGUAYO EN WASH[[--cut off]]

Naúl Ojeda y la imaginería latinoamericana

Pasa una cosa un poco extraña con USA y los grabadores uruguayos: termina por adoptarlos a un nivel de ubicación profesional casi de excepción. De pronto los conteos son más fáciles en el Uruguay, porque la población es escasa y todos conocen a todos. Pero aún así, no resulta fácil de explicar que uruguayos como Frasconi, Camnitzer, Cardillo y durante largos tramos de su vida también Solari, hayan alzado en ese país un papel de preponderancia que en muchos casos los ha llevado a ejercer la docencia en las mejores universidades.  


El Uruguay que en estos momentos ve cómo la obra de Joaquín Torres García alcanza el millón de dólares en las subastas de Soteby's; advierte cómo arrastrados por el prestigio del Maestro ahora también sus principales discípulos empiezan a ser notorios y apreciados, y comprueba además que hay parte de los uruguayos que tienen cabida en esa mezcla cultural de arte méxico-tejano en donde se combinan diversos ingredientes étnicos y antropológicos de todo el continente, debe saber que la primera identificación viene siempre por el lado de los grabadores. Han sido los grabadores uruguayos los primeros en triunfar en USA y los que han desarrollado una experiencia artística más sostenida. 

La lista de grabadores exportados por el Uruguay a USA no está completa si no se incluye en ella a Naúl Ojeda, a su manera un "outsider", comparado con sus colegas, pese a que se mueve en el mismo corazón del imperio y está como metido dentro de sus propios engranajes: un plástico que ha sido durante años algo así como el perfil gráfico de la revista "América" de la OEA y es al mismo tiempo un colaborador habitual de un diario como "The Washington Post" que llevó a Richard Nixon a la renuncia, para nada es un marginal respecto a los poderes de la difusión.

Uruguayo sin cambios

Lo que lo hace a Naúl Ojeda diferente a sus colegas uruguayos que comparten el dorado exilio, es sobre todo una cuestión de ubicación geográfica. Frasconi y sus compañeros hicieron su carrera mayoritariamente desde Nueva York y de alguna manera se situaron en el centro de la fragua. Ojeda en cambio optó por la capital administrativa, no la artística. Y vive en Washington al mejor estilo uruguayo. Es matero, le gustan los asados y sabe ser el mejor anfitrión de cuanto latino y más si es uruguayo, recala por las tierras donde gobierna Bush. Cosa de no complicarse las cosas por el lado de los desplazamientos, mantiene casa y taller a tres cuadras de distancia, la una del otro, en el área del Dupont, que supo ser la zona de los hippies en los Sesenta pese a su aire residencial. Y trabaja en la mayor soledad y a la manera y con la temática que se llevó junto con él, desde su tierra.

En estos momentos, en el salón de exposicíones de la Intendencia se exponen 52 grabados, xilografía y linóleo, de Naúl Ojeda en una selección de sus últimos veinte años. Es un poco menos del tiempo que Naúl Ojeda no realizaba una muestra individual en el Uruguay, por lo que puede vérsele en parte como una antología de gran parte de su actuación en el extranjero y en parte como el reencuentro de un artista con un público que lo conoció más que nada en otras disciplinas.

Naúl Ojeda reside en los Estados Unidos desde 1975, primero en Baltimore, y luego en Washington DC, donde a partir del 79 se ocupa exclusivamente del grabado. La primera ocupación de Ojeda había sido la fotografía, su ganapan pero un área en que además supo volcar inquietudes serias. En los Sesenta figura como alumno de Bellas Artes cuando, en medio de una Semana Santa que lo deja anclado de la capital lejos de los amigos que salen de festejos poco ecologistas, empieza con un clavo y una madera gruesa a incursionar por el grabado.

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[[photo caption]] El artista con "El País de los Domingos" [[/photo caption]]

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[[photo caption]] Naúl Ojeda [[/photo caption]]

Paciencia en mano

"Se puede decir que soy un autodidacta. Cuando terminan las vacaciones y vuelvo a la Escuela, con la idea de imprimir lo que había hecho, le pido consejos a Mazzey y le pregunto sobre las herramientas que me aconseja utilizar. "Pibe, las herramientas las vas a ir desarrollando solo", me contestó con una larga sonrisa. Y de alguna manera fue lo que hice, aunque los primeros consejos me lo dio la gente del Club del Grabado. Bresciano me regaló un juego de gubias que todaviá conservo. Y un compañero me advirtió que con las varillas de paraguas se podían conseguir maravillas. Y era cierto".

El Ojeda actual no ha cambiado mucho de instrumental. Y en eso también demuestra su uruguaya manera de ser. En el país de la tecnología, el uruguayo Ojeda hace una única concesión: una gubia tipo japonés que es la que más usa. "Por lo demás utiliza clavos, pedacitos de serrucho para lograr ciertas calidades en la madera, aunque la madera tiene tantas calidades de por sí que más vale ayudarla poco en ese sentido. También pego telas encima de la madera, para conseguir pliegos que dan la idea de una vestimenta. Luego imprimo ese collage. Pero todo lo imprimo a mano, no tengo prensa".

No quiere prensa. Lo hace con un palito, como lo debe haber hecho en su momento algún antepasado suyo que junto con la herencia manual le debe haber transmitido genéticamente una fisonomía que lo destaca en la nación de los gringos. Al no tener prensa, puede ir mirando cómo van quedando las texturas en el proceso del traspaso, y al mismo tiempo siente como que respeta el material. "No hay que reventar la madera", dice. Hace tiradas de 25, 30 ejemplares no más. Es un trabajo paciente y delicado en donde debe volcar todo su poder expresivo sin hacer que la madera se astille o se rompa el papel.

La cosa cambia, pero no mucho (va cortando la madera y va imprimiendo por color) cuando trabaja con el linóleo.

Naúl Ojeda trabaja en Washington con la Franz Bader, la mejor galeria de grabados de la ciudad. Fuera de sus trabajos editoriales para "The Washington Post" y la OEA, en la actualidad opera para la Curbstone Press, que utiliza sus grabados en textos para niños; y en los últimos tiempos enseña arte a niños en una escuela internacional. Fuera de los grabados, los fines de los Ochenta lo sorprendieron además en una nueva actividad: el diseño de sillas y  mesas objetos que él mismo pinta y que fueron exhibidas con el título de "Furniture fantasies" en la propia Galería de Franz Bader el año pasado.

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